Perros

Laika:

Laika es una perra rescatada junto a su hermano cuando tenían apenas 5 semanas de edad. En la actualidad tiene 3 años, vive junto a su hermano y otro perro en una casa con un jardín espacioso, colmada de cariño.

Su "persona" me pide una sesión porque la perra muestra una ansiedad extrema, en cuanto entra una persona extraña sale al jardín y no deja de ladrar hasta que se haya marchado.

Incluso personas que vienen con cierta regularidad a la casa (señora de limpieza o la vecina) son tratados de la misma manera.

El hermano sin embargo no muestra la misma actitud.

Durante la primera sesión tengo que pedir la ayuda de su ama, ya que no me permite acercarme.                                Acabo de una hora empieza a cambiar de actitud.

Después de ofrecerle el aceite esencial de Tomillo empieza a sobreponerse al miedo (!el tomillo es el aromático que emplearon los Romanos para obtener coraje ante las luchas!) y poco a poco  me permite acercarme a ella, aun sin poder mirarle directamente a los ojos.

Por los remedios que selecciona entiendo que ha sido separado de su madre demasiado pronto, siendo seguramente la mas pequeña de la camada. Además,  dentro de su "manada" había adquirido el papel de protectora, para lo cual no estaba preparada emocionalmente. Acabo de dos horas la perra muestra una actitud muy distinta. Con timidez se acerca a la mesa y empieza a relacionarse con su entorno.

Después de unos dias hablo con la señora y me dice que al venir la señora de limpieza se había llevado una grata sorpresa; la perra ya no había salido de la  casa a ladrar, sino que se había quedado tranquilamente tumbada en la sala de estar.

También la vecina fue recibida de forma completamente diferente.

Acordamos hacer otra sesión de refuerzo. !El cambio había sido sorprendente! Respetando sus respuestas instintivas y naturales, esta perra pudo soltar los nudos mentales formados por la separación temprana de su madre y por el rol que había adquirido en su familia/manada.


Pedro

Pedro es un Sharpei que tiene unos 3 años. Fue encontrado por los municipales vagando por la calle y lo llevaron a la perrera municipal. Llevaba chip, así que llamaron a sus amos que prometían ir en su busca al día siguiente.

Se les llamó un par de veces, cada vez prometían que irían a buscarlo, pero al final pasaron 6 semanas y no vinieron a por él. Los sharpeis son perros muy fieles a sus amos y que tienen cierta reserva ante los extraños.

En la perrera se observaba como según iban pasando los días y las semanas, el perro cada vez mostraba más agresividad hacia los cuidadores. Al final una voluntaria, a pesar de su comportamiento,  se encariñó con él, y como  era obvío de que no iban a venir a buscarlo, decidió llevárselo a su casa.

Con ella era cariñoso, pero con extraños mostraba claros signos de agresividad, llegando al punto que incluso era peligroso llevarlo de paseo por la calle.  En cualquier momento se le podía desatar la ira. También era muy receloso con la comida y demás territorios que se creía eran suyos, dejando a la otra perra que estaba en la casa, con pocas ganas de estar cerca de él.

La primera vez que fui a verle no mostró signos de "violencia". Me pidieron de moverme con lentitud, de no mirarle a los ojos, y algunas instrucciones más y no hubo problemas.

Con ciertos remedios se le veía que entraba en "proceso" pero por su historia no era nada dramático, me había esperado algo peor.

A cabo de una semana me piden una segunda sesión.  Pedro había mordido a una persona...


Al inhalar el aceite de Rosa Damascena (resentimiento y rabia contenida) nos dió el susto...                                                      Pedro se puso delante de mí, gruñendo y dispuesto a darme un buen mordisco. La señora lo cogió y decidimos seguir con la sesión dejando el perro con correa larga pero atado.

En aquella sesión parecía que habíamos abierto un pozo de aguas sucias. Con casi todos los remedios empezaba a gruñir y la rabia iba dirigido hacia mí en todo momento. Al final de la sesión se había tranquilizado bastante.

A la semana siguiente le hicimos otra sesión, y  la señora que tenia a Pedro en acogida me comentó  que el perro se había tranquilizado mucho aunque,  cuando oliera el aceite de cannabis, seguía gruñiendo, pero ya sin tener más ataques de agresividad.

En total le hicimos cuatro sesiones a Pedro,  y está mucho mas tranquilo y accesible. Se le puede pasear por la calle.

No ha vuelto ha dar problemas.

Ior

A Ior le tengo un cariño especial ya que es el papá de una de mis perras.

Ior es un jack russell terrier de 10 años que tiene la mala suerte de haber contraído glaucoma. Hace unos años le extirparon un ojo y finalmente también le han tenido que extirpar el segundo ojo, por los dolores que sufría.

Se ha ido adaptando bastante bien a su vida sin poder ver con la única connotación que durante las noches exigía dormir en la cama, cosa que la pareja de su ama no consentía. Como resultado el perro no hacía otra cosa que gemir durante las noches, no dejando dormir a nadie. A Ior le hemos hecho una sola sesión, ha sido suficiente para que ahora duerma tranquilamente en su camita.

Monty

A Monty, un setter inglés ciego,  lo encontraron vagando por la calle.

Paso unas 5 semanas en la perrera municipal, sólo en una jaula y literalmente se estaba volviendo loco. No descansaba y lo único que hacía fue dar vueltas sobre si mismo. Unas voluntarias decidieron hacerse cargo de él, y Monty fue llevado a un refugio particular.

Cuando me piden ayuda con este caso me encuentro con un perro bastante desorientado en el sentido de que solo daba vueltas sobre si mismo.

En la primera sesión tuve que perseguirle con los remedios ya que Monty no se estuvo quieto ni un momento. Era incapaz de tumbarse por mas de 2 segundos. Los aceites esenciales que más efecto tuvieron eran el jazmín, el ylang ylang y la manzanilla romana.

El jazmín nos habla de la separación y la falta de cariño, el ylang ylang de falta de seguridad y la manzanilla romana es un gran tranquilizante a nivel emocional. A nivel físico no pedía nada especial y  el perro no mostró miedo al ser humano.


A día siguiente de la primera sesión recibí una llamada telefónica con la buena noticia de que Monty, al volver al refugio, se había tumbado y quedado profundamente dormido.

En total le visité tres veces y desde la primera sesión Monty dejó de dar vueltas sobre si mismo.

Monty fue adoptado por una pareja encantadora de Holanda. El caso de Monty tuvo bastante impacto en Facebook y no tardaron en venir a Mallorca para conocerle.

Mora.

Mora era una perrita con ataques de epilepsia. Estaba en tratamiento con el veterinario pero sus amos quieren saber si la zoofarmacognosis aplicada puede ayudarla ya que los ataques no dejan de cesar. Para la epilepsia tenemos unos aceites esenciales concretos pero la perra, no mostró mucho interés. Entonces decido olvidarme de momento de la epilepsia y empezar de cero, ofreciéndole todos los remedios y no solo aquellos que funcionan para su problema.

Aceites esenciales, aceites vegetales, hierbas medicinales, en fin, se lo ofrezco todo.

Entonces empieza a seleccionar remedios para el estomago, el hígado etc. Además ya me había dado cuenta que la perra era muy ansiosa.

Su amo me comenta que efectivamente Mora es muy nerviosa. Cuando salen de paseo parece que Mora le lleva  a él y no al revés.  Mora tiene sobrepeso y le comento que es muy aconsejable cambiar su alimentación para que baje de peso.

Observo que la perra muestra más urgencia por solucionar algo relacionado con lo físico y decido llamar a una amiga veterinaria y la comento el caso. Le pregunto si el problema de la epilepsia pudiera estar relacionado con el problema digestivo. Me comenta que voy por buen camino porque según la Medicina Tradicional China la epilepsia es un problema relacionado con el hígado.

Una vez más el animal nos está demostrando saber muy bien lo que necesita.

Su amo decide cambiar la alimentación de la perra y cuando le veo a cabo de unas semanas para una segunda sesión  Mora está  mucho más tranquila y selecciona muchos menos remedios. También me comenta su amo que incluso los vecinos le han preguntado si había hecho algo con la perra, ya que incluso durante el paseo está mucho más tranquila.

Marta

Marta es una perrita muy simpática con un grave problema en la piel. Tan mal está que cuando su ama me explica por teléfono un poco el caso, le pregunto por era ese ruido que escucho al fondo. Me dice que ese ruido viene de Marta, que no para de rascarse. La mujer ha buscado ayuda por todas partes y se niega a darle más medicamentos y busca una solución alternativa. Decido hacer un hueco en mi agenda e ir el mismo día.

Me encuentro con una perra de mirada triste, con la piel toda inflamada y enrojecida y desprendiendo un olor difícil de soportar. Ha perdido mucho pelo.

En la primera sesión y por los remedios seleccionados Marta me hace entender que tiene mucha ansiedad y que está triste. Va seleccionando aceites esenciales con propiedades calmantes, todas ellas trabajando  a niveles emocionales profundos. Le pregunto a su ama si Marta siempre ha sido así, y me explica que la perra había sido muy vivaracha pero nunca ansiosa ni ladradora.

Marta vive en una casa amplia con un patio muy grande, y además la paseaban regularmente hasta que ocurrió "el accidente". Hacía unos meses que el padre de su ama había sufrido un accidente muy grave, y desde entonces esta hospitalizado. Tanto su ama como su madre prácticamente viven  en el hospital. Hablamos un buen rato para ver hasta que punto ha cambiado la vida de Marta.

Le explico que es muy posible que Marta está captando el sufrimiento de su ama. La mujer nunca se ha planteado que los animales pudieran tener una relación tan profunda con el ser humano y muestra su sorpresa. Pero a la vez quiere encontrar una solución y está dispuesta a escucharme.

Marta selecciona aceites esenciales y nos indica que los quiere aplicado en la piel.  Y una vez preparado el gel se coloca de tal manera que se lo puede aplicar fácilmente por todo el cuerpo. Se ve el alivio que le produce el gel al instante, así que preparo un frasco para los días siguientes.

Un mes después la mujer me llama de nuevo para pedirme otro preparado.

Le pregunto como está Marta y me explica que todo lo que habíamos hablado sobre la relación de Marta con ella y el efecto que su propio sufrimiento había tenido en la perra,  no se lo había podido creer del todo...

Pero Marta ha sufrido una recaída. Y esta recaída ha coincidido con una operación muy delicada que le tuvieron que hacer al padre de la señora. Ella ha estado muy nerviosa y ha entendido que Marta otra vez había hecho de "transmutadora".

A Marta le cambiaron la alimentación, el pelo ha vuelto crecer y ya no hay más malos olores, rojeces ni inflamación en la piel. El padre ya está en casa. Han pasado 4 años y Marta sigue estando estupenda.

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