Caballos

Voladora de Gel fue una yegua (trotona) que había mostrado desde siempre un carácter mas bien nervioso.

El ultimo año y medio su estado de ansiedad durante los entrenamientos y las carreras,  había ido en aumento hasta tal punto que trabajar con ella se había vuelto difícil, incluso peligroso.

Durante el momento de espera en las cuadras del hipódromo se volvía tan ansiosa que empezaría a temblar de tal manera que, según su propietario, daba miedo..... Después en el calentamiento se pondría a "bailar".                                Lo único que querría era correr, ir al paso era imposible.

Había llegado a tal extremo que incluso se levantaba de manos, y después de la carrera literalmente se dejaba caer al suelo. Me comentaron que había dado más de un "espectáculo", y su propietario llevaba ya tiempo buscando una solución.

Me encontré con una yegua con mirada ausente. Sentía que, por la razón que fuese, se había aislado de su entorno, comunicarse con ella no era fácil.

Durante las primeras dos sesiones me mostraba su trasero, parecía no estar interesada en lo que yo le ofrecía.           Pero aun así algo le llegaba porque ya desde la primera sesión el entrenador comentaba que la ansiedad había bajado considerablemente.

Después de la segunda sesión decidí acercarme al hipódromo para hacerle una mini-sesión justo antes del entrenamiento. Me avisaron de que en cualquier momento empezaría a temblar.

Voladora seleccionó todos los remedios que van dirigidos a la ansiedad y esta vez también pidió el a.e. de violeta (indicado en casos de "anticipación").  Esta vez no mostró ningún signo de ansiedad, y no tembló, lo cual fue una gran sorpresa para las personas que la conocían bien y estaban observando mi trabajo con ella.

Durante el calentamiento se inquietó un poco, pero mucho menos de lo normal.                                                                         A cabo de un rato "soltó la boca" y según el entrenador, la yegua se entregó y cambió por completo su forma de trabajar.

A cabo de unos días le hice otra sesión, esta vez en las cuadras.  Voladora mostró mucho más interés.

Volví de nuevo al hipódromo el día del entrenamiento para apoyarla una vez mas con sus remedios favoritos, como el a.e. de manzanilla alemana, la milenrama y la violeta., todos aceites esenciales seleccionados por los animales en caso de ansiedad y anticipación al dolor o cualquier otra circunstancia que les produce miedo, dolor o malestar.

Esta vez el entreno fue un espectáculo, pero en el buen sentido de la palabra. Varias personas allí presentes me comentaron que nunca habían visto a la yegua así de tranquila, trabajando tan a gusto.

Llegaron a comentarme que "sabían cierto que aquel caballo era Voladora porque sino pensarían que se trataba de otra yegua". Yo la vi "orgullosa". 

Particularmente no me gustan las carreras pero debo reconocer que vi a un caballo que estaba disfrutando...

Hoy le he hecho que espero que sea, la última sesión. He entendido que Voladora es una yegua muy sensible y que no ha sido comprendido en según que momentos.

Muchas veces queremos que los animales hagan las cosas a nuestro ritmo y nos olvidamos de que son individuos necesitando cada uno su tiempo para poder integrar los aprendizajes.

Voladora quiere dar lo mejor y realmente la he visto disfrutar durante el entrenamiento. Muestra que le gusta correr.

Hemos observado que su mirada ha cambiado por completo. Según he ido trabajando con ella, su mirada, que me mostraba ausencia y desconfianza, se ha ido cambiando a confianza y tranquilidad.

Siempre me emociona ver la respuesta de los animales a la zoofarmacognosis aplicada, pero tratándose de una yegua que tiene que correr carreras, me ha llenado de satisfacción el resultado.

Y también gracias a su propietario que le ha brindado esta oportunidad. El mundo del "trot" es duro y pocos propietarios están dispuestos a buscar soluciones "holísticos". ¡Voladora sí tuvo esta suerte!


BOY

El caso de Boy es especial.  No fue su propietaria la que me pidió una sesión para el caballo, sino Boy mismo.              

Con unos alumnos habíamos quedado para practicar con unos caballos y como era un día de verano y hacia mucha calor, todos los caballos se encontraban en cuadra.

Boy es un caballo que llegó desde Holanda hacia unos 14 años y resultó ser un talento para el salto.

Era bien conocido, participaba en muchas competiciones pero a edad temprana tuvo que ser retirado ya que padecía de navicular. Desde entonces está en una finca, disfrutando de paseos por el campo, dejándose mimar por la que ahora es su propietaria.

No fue conocido por su simpatía, a lo largo de los años se convirtió en un animal agrio y  antipático, tanto con el género humano como con los que pertenecen a su misma especie, le pusieron el nombre de "premio limón".

Con la única persona que se relacionaba era con la chica que se había convertido en su ama. Con mucha paciencia había logrado tener una relación placentera con él. Era obvio que Boy había sufrido, lo que no sabíamos cuanto...

Aquella tarde había puesto a un caballo en la cuadra justo a lado de Boy, para poder hacer las practicas.

Según iba avanzando la sesión nos dimos cuenta como Boy pasaba la cabeza a través de la apertura del comedero para poder llegar a los distintos remedios que estábamos empleando para el otro caballo.

Fue tan evidente su desespero por llegar a los remedios, que decidí hacerle una sesión (sin consentimiento de la dueña, cosa que no me gusta hacer por razones obvias).

El aceite esencial de Rosa Damascena suele ser seleccionado por animales que han sufrido maltrato y que tienen rabia y resentimiento.

Al inhalar este aceite esencial Boy tuvo una reacción muy violenta. Incluso tuve que decir a las personas presentes que se apartaran de la puerta, temía que el caballo nos atacaría.

Se levantó de las cuatro piernas a la vez, orejas hacia atrás, enseñando sus dientes, y pegando gritos. A cabo de unos minutos se tranquilizaba, y venía hacia mi para poder inhalar de nuevo el aceite esencial de Rosa Damascena, y todo la escena se volvería a repetir.

A cabo de unos diez minutos empezó a pedir otros aceites esenciales, todos con propiedades para poder disolver traumas tanto físicos como emocionales. La sesión duró unos 45 minutos. Después Boy se quedó completamente relajado.

Hablé con la propietaria por teléfono para contarle lo que había sucedido aquella tarde.

Entonces me comentó lo que le había pasado al caballo durante su corta carrera de caballo deportivo.                                  El trato que había recibido no había sido nada bueno, teniendo que saltar una prueba grande el día después de haber sufrido un cólico, y otras cosas similares.......

Al día siguiente pasé por su potrero y me recibió con un gran relincho.

A cabo de una semana decidimos ofrecerle otra sesión pero ya no tuvo las reacciones de la primera vez.                          Me comentó su dueña que hasta los movimientos del caballo habían mejorado.

Es obvió que Boy tuvo la oportunidad de "canalizar" todo su frustración, tantos años guardado. Y no es que se haya vuelto de repente un caballo simpático, pero si es verdad que es mucho mas accesible.



Quisca

Hace tiempo me pidieron una sesión de Aromatics for Animals para Quisca, una yegua de unos 6 años, que se asustaba mucho.

No se asustaba de nada en concreto sino de cualquier cosa, y para su dueña  había llegado el momento de plantearse que hacer con ella. Yo veía que, entre las dos, habían entrado en un circulo vicioso, la yegua se asustaba, la dueña se tensaba y al tensarse ella la yegua aún se asustaba mas, etc. etc.

Los que tenemos experiencia con los caballos sabemos que esto funciona así. Los caballos son animales que viven completamente en el aquí y ahora, y siendo animales de presa están en continua alerta.

Desde el primer momento de la sesión Quisca se entregó y empezó a “procesar”. Por el tipo de aceites esenciales seleccionados por ella, se podía deducir que tenia mucha tensión acumulada.

Fue una de las sesiones dónde pude ver con más claridad como un animal puede colaborar y agradecernos la oportunidad que le estamos brindando. Después del primer encuentro, que duró una hora y media, vino la gran prueba.

Era la hora de su entrenamiento, y justo cuando su ama se dispone a subirse a Quisca, pusieron los aspersores en marcha. Normalmente esto hubiera supuesto un drama, pero cual fue la sorpresa cuando vimos como la yegua se quedaba quieta, sin dar ningún brinco. Como esta yegua se encontraba en el mismo club hípico que mi yegua, me ofrecí para visitarla unas veces más, solo para ofrecerla el aceite esencial que más le había llamado la atención, la manzanilla romana.

Han pasado ya unos años, la yegua sigue tranquila, y como entre Quisca y su ama se ha re-establecido la confianza realmente se están disfrutando mutuamente. Me han comentado que hasta su “ movimiento” ha cambiado, siendo mucho mas coordinado.


Luna, una yegua anglo-araba de 10 años.

Cuando conozco a Luna ya hacía unos 4 años que había sido rescatada del matadero.

En el momento de su “rescate”  Luna acababa de llegar a una zona de playa en el norte de Mallorca y la intención de su nuevo propietario era de emplearla para excursiones por la playa con turistas.

Después de unos días se había dado cuenta que Luna no era precisamente un caballo apto para este labor.                    Era nerviosa, con muchos miedos y por lo tanto peligrosa para ser montada por turistas. Decidió venderla al matadero. Una mujer supo del caso y le dio tanta pena que decidió comprar la yegua y llevársela a su casa. La dejó durante 6 meses junto con otro caballo en un campo cerca de su casa, con la esperanza que si se tranquilizaba un poco podría empezar a montarla.

Después de 6 meses intentó subirse a la yegua para  darse cuenta de que Luna  estaba profundamente traumatizada. En cuanto veía la montura, la yegua empezaba a sudar muchísimo y su propietaria tardaba a veces 30 minutos en poder subirse ya que la yegua no hacia otra cosa que dar vueltas sobre si misma.

 No era capaz de andar al paso, todo era trote y galope., levantándose de manos y cayéndose de rodillas. Por su comportamiento deducimos que Luna había sido empleado para el rejoneo, lo cual le había dejado con un profundo trauma.

El día después de la primera sesión de Aromatics for Animals,  su propietaria tuvo una gran sorpresa.                                  Por primera vez la yegua la había permitido subirse sin dar más problemas. Dieron una vuelta alrededor de la finca al paso, y esta vez Luna  no se levantó de manos ni se dejó caer de rodillas.

Dejé algunos de los remedios que más le habían llamado la atención para que se los ofreciera durante los siguientes días... A cabo de una semana me pidió otra sesión para Luna.

Aunque habíamos observado claramente como había procesado en la primera sesión, durante la segunda lo pudimos ver aun mas claro. Bostezaba, se estiraba, hacía el gesto del flehmen, temblores del labio inferior y además Luna buscaba apoyo en su dueña.

Francamente estaba muy contenta que su dueña la había dado otra oportunidad porque esta vez sí que la yegua estaba lista y dispuesta para dejar atrás gran parte de sus traumas y malos recuerdos.

Desde esta segunda sesión Luna dejó de sudar al ver la montura, era capaz de ir al paso, y no ha vuelto a levantarse de manos ni ha dejado caerse de rodillas. Se le ve mucho mas confiada y tranquila.


Lucy: 

Lucy era una yegua de 26 años que, jugando con su compañero en el potrero, se hizo un pequeño corte en el cuello. No sabemos si el otro caballo le dio un mordisco o si fue por otra causa, pero lo cierto es que acabo de unos días la herida se infectó de tal manera que su dueño decidió llamar al veterinario.

Teniendo en cuenta la edad de la yegua y su estado de animo,  (había dejado de comer y parecía estar muy "deprimida"), el veterinario comentó que sería mejor sacrificarla para que dejara de sufrir.

Sin embargo su dueño no querría sacrificarla y busco una segunda opinión. Encontraron a una veterinaria que quiso darle una oportunidad a la yeguita. Dio la casualidad que yo había conectado con esta veterinaria por un caballo con un problema emocional y le pedí si, bajo su supervisión, me dejara ocuparme de la herida, no sabiendo aún la gravedad del caso.

Encontré a Lucy en muy mal estado. Estaba muy apagada. Cuando la veterinaria la visitó por primera vez se había encontrado con un cuello muy hinchado. Decidió hacerle varios cortes y me comentaron que había sacado 2 litros de pus. En las fotos se puede apreciar hasta donde habían llegado las heridas.

Primero me ocupé de la yegua emocionalmente. Inhaló varios aceites esenciales que indicaban que había un trauma fuerte por lo ocurrido. Después de esta secuencia, le ofrecí los remedios que sirven para sanar heridas físicas.

Incluso en caso de heridas se puede ofrecer a un animal varios aceites esenciales regeneradoras celulares y dejar que indique con que remedios trabajar.  ¡A mi lado se encontraba la veterinaria, todo la sesión se hizo bajo su supervisión!

Salieron varios remedios que son altamente anti-infecciosas y anti-bacterianas y algunos para regenerar la piel y así cerrar la herida. Preparé una mezcla con estos aceites esenciales y le expliqué a la propietaria que solo bordeara con esta mezcla la herida y que después dejara caer arcilla verde seca encima de la herida.

Visité a Lucy acabo de 5 días. Me comentaron que después de la primera visita, la yegua había estado "pegando botes" en el campo, y que su estado de animo había cambiado por completo aquel mismo día.

En las fotos se puede apreciar como la herida había empezado a sanarse.

A cabo de una semana volví de nuevo para ver como iba evolucionando Lucy. La yegua se sano por completo.

Y EL RESULTADO FINAL: No pensábamos que la crin volvería a crecer. 

 

 

 

 

 

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